Calzadas romanas, red de carreteras muy eficiente,
sin igual hasta los tiempos actuales, que abarcaba todo el Imperio
romano. En un principio el sistema fue diseñado para fines militares y
políticos: mantener un control efectivo de las zonas incorporadas al
Imperio era el principal objetivo de su construcción. El desarrollo de
la red de calzadas se produjo al mismo tiempo que el crecimiento del
Imperio. Una vez construidas, las calzadas adquirieron importancia
económica, pues al unir distintas regiones, facilitaban el comercio y
las comunicaciones.
Hasta finales del siglo IV a.C., las
calzadas romanas eran poco más que senderos que conducían a Roma desde
las distintas ciudades del Lacio. Desde ese momento comenzaron a
construirse según un plan establecido, diseñado conjuntamente con el
programa táctico de expansión. Al tener un significado militar
considerable, se desarrollaron sistemas más complejos de construcción de
calzadas, con vistas a hacerlas más permanentes y mejores para soportar
diferentes tipos de tráfico.
Se usaron piedras de
distintos tamaños para construir unas calzadas sólidas: las piedras
grandes se colocaban en la base y sobre éstas se establecía una capa de
piedras más reducidas. En algunos casos, normalmente en las rutas más
importantes, sobre estos cimientos se colocaba un firme de adoquines.
Las calzadas tenían sistemas eficaces de desagüe, logrado mediante la
construcción de una curvatura en las orillas. Generalmente se construían
en línea recta, tomando la ruta más directa allí donde era posible.
Cuando las montañas no lo permitían, los ingenieros construían
complicados sistemas de circunvalación. El llamado Itinerario de
Antonino es el documento antiguo más completo para el estudio de las
vías romanas, y data de finales del siglo III.
Entre otras el nombre de algunas es: Via Aemilia , Via Amerina