Hasta el siglo II d.C. predomina la práctica de la cremación, pero a partir de ese momento toma fuerza la inhumación. Y es que antes de los cristianos dominaba la mitología romana.
Según las creencias, incinerando al difunto el alma conseguía llegar
más rápido a su destino. Después, con la aparición del cristianismo,
vuelve con fuerza la idea de la inhumación (sobre todo a partir del siglo IV en el que comienza la producción de ricos y ornamentados sarcófagos).
Sarcófago romano:

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