El matrimonio entre los romanos no era respaldado por escrito; había una
ceremonia con testigos donde además era entregada la dote de la mujer
(si es que tenía una), y por supuesto también una fiesta. No había
tampoco ningún alcalde o párroco que presenciara necesariamente la
ceremonia. Era un acto privado “que ningún poder público tenía porqué sancionar” , pero era obligatorio llevar testigos.
La edad mínima para el matrimonio era de catorce años para los hombres y de doce años para las mujeres
Entre los romanos, como entre los griegos, eran los padres de familia quienes decidían si aceptaban o no al recién nacido. El abandono de los recién nacidos era también un gesto de protesta por parte del marido. no se permitía la presencia masculina en los partos.

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