Honorio situó su capital en Mediolanum. Ya desde hacía
tiempo, la mitad occidental del Imperio Romano había
estado sumida en continuas guerras civiles por el poder, con
generales que se rebelaban cada pocos meses y se
autocoronaban emperadores alternativos, especialmente en
Britania y Galia. A este complicado cuadro que hacía
tremendamente difícil mantener el gobierno sobre el Imperio
de Occidente se unían las continuas injerencias de los
pueblos bárbaros, que se oponían alternativamente a las
órdenes de unos u otros contendientes o rompían con todos
entregándose al saqueo según les convenía.
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