Al avanzar en sus conquistas hacia la zona del Mediterráneo oriental, los romanos entraron en contacto con otros dioses y religiones que llegaron a alcanzar gran popularidad entre la población romana.
El culto a la diosa Cibeles fue el primero en ser asumido por la religión romana. Desde Egipto se importaron los cultos mistéricos de Isis y Serapis; y de Irán, los de Mitra, que se difundieron entre los militares romanos.
Estos cultos no siempre estaban bien vistos por el Estado romano, que llegó a perseguirlos. Casi todos coincidían en prometer a sus fieles una nueva vida tras la muerte y fueron muy populares. Uno de ellos fue el cristianismo, que con el tiempo terminó siendo la religión oficial y única del imperio romano a finales del siglo IV e.c.
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